Archivos diarios: 11/10/2018

Clave esencial para una actitud bientratante: aprender a preguntar

 

El Buentrato implica una actitud positiva, constructiva y abierta hacia el encuentro con las demás personas.

Se busca, de esa manera, la mayor y mejor conexión, de la que deberían quedar excluidos los juicios, las actitudes de censura, las opiniones negativas y hasta las opiniones que contradigan los criterios del otro sujeto.

Para intentar lograrlo, existe un recurso muy valioso: aprender a preguntar.

Si la pregunta que se formula busca mayor claridad sobre lo que la otra persona nos ha compartido, lograremos ayudarle a abundar, a explicar, a definir de manera más precisa lo que nos desea comunicar.

Este paso resulta fundamental.  No obstante, es muy probable que una vez lograda la mayor claridad no hayamos logrado un acuerdo sobre lo expresado, y confirmemos, por ejemplo, que sus criterios y los míos no son semejantes o ni siquiera cercanos. Esto nos ocurre muy frecuentemente. Pero si hemos evitado la calificación (que suele ser sinónimo de descalificación) de sus criterios, ya hemos dado un gran paso hacia el encuentro, aunque permanezca la diferencia de criterios que pueda existir.

Mucho más de lo que podríamos advertir o quisiéramos reconocer, existe una actitud natural en la búsqueda de acuerdos, de coincidencias con las demás personas.  De hecho, se experimenta gran satisfacción cuando esto ocurre.  Pero, de preferencia, cuando esas coincidencias se descubren como espontáneas.  Somos iguales, somos “de los mismos”.

Pero bien diferente es la impresión cuando notamos diferencias de criterios con nuestro interlocutor.  En esas situaciones se experimenta un variable nivel de desagrado, que puede llevar hasta al desinterés o el rechazo franco por sus criterios, por sus palabras, por sus ideas.  Fácilmente puede cortarse la conversación o asumir que no hay posibilidades ni méritos para seguir el intercambio con esa persona.

Lo increíble es que la mayoría de las veces, cuando se acepta el reto de tratar de entenderse con la persona que percibimos como diferente a nosotros, no solo podemos llegar a comprenderlas, sino que descubrimos que al mantener el diálogo -una o más veces- tratando de no juzgar sus criterios, sino de entenderlos, es mucho más enriquecedor para nosotros mismos.

Las preguntas que formulemos con ese propósito de abrirnos a la persona con la que encontramos que hay diferencias, nos dan la sorpresa de descubrir, muy frecuentemente, no solo que no estamos tan distantes, sino, aún más, que su visión discrepante con la nuestra está muchísimo más cerca de enriquecernos que de limitarnos.