Archivos Mensuales: octubre 2018

Las normas claras no son suficientes para educar a los niños

 

Los padres de familia, los docentes y, en general, casi todos los adultos, creemos que “si las reglas de juego son claras, no hay razón para que los niños no hagan las cosas bien, salvo que sean desobedientes”. Esto no solo no es cierto, sino que puede ser un gran error creer que las normas permiten arreglar la vida. Menos, si se trata de niños. Ellos responden más a las acciones, al contagio emocional, al ejemplo, al buentrato.

La palabra presupone una experiencia, un conocimiento adquirido, vivenciado.  No deja de ser una suposición.  La realidad. sobre todo hablando de niños y jóvenes, suele ser muy distinta.

¿Ha pensado usted qué significa para un niño, en términos experienciales, portarse bien? Haga el intento, y pregúnteles a unos cuantos niños qué quiere decir eso, y va a ver que las respuestas hablan también de cosas teóricas, pero que no tienen nada que ver con lo que ellos pueden hacer o tienen integrado como propio.

A las palabras se accede mucho antes que a todas las experiencias a que ellas aluden, lo que permite que los adultos creamos que no es más sino decir lo que se debe hacer y con eso alcanza. Así nos va en la vida con los hijos pequeños. Ellos saben que tienen que contestar que sí ante la ingenua pregunta: “¿me entiendes?”, pero eso no significa que lo vayan a hacer como lo ofrecen. Simplemente, son palabras.

De paso, más ingenuos los reclamos que dicen: “pero ¿cuántas veces te tengo que repetir que…?” o “quiero que me expliques por qué no me haces caso…”.

Nada más alejado del interés de los niños que no hacer caso.  Pero a ellos o a ellas lo que les interesa es pasar bien, y eso no permite que puedan retener el significado de aquellas palabras que un adulto les dijo que deberían tomar en cuenta para poder ganarse un futuro elogio. Eso es absurdo esperarlo.

Entonces depende de nosotros que no nos sigamos haciendo trampa y echándoles las culpas a los niños como si ellos no quisieran hacer las cosas que para nosotros son tan loables. Simplemente, hay que pensar que los lenguajes de los adultos y los de los niños son francamente diferentes.

Nosotros vivimos en las ideas, en las palabras, en la especulación, en el juicio. Ellos se mueven en el terreno de las acciones, de los juegos, de la diversión, del entretenimiento, y lo que nosotros les proponemos suele estar muy alejado de sus intereses, y más complicado aún, de su comprensión.

Recordemos que hasta casi los doce años (para los interesados: leer -¿releer?- a Piaget), los niños no han completado todas sus estructuras mentales como para poder operar de pleno como un adulto (inteligente). Así que no esperemos tanto de las palabras. Y recordemos que las normas se han construido y se seguirán construyendo siempre con palabras.

Aquí entre nos: no podríamos decir que para todos los adultos las palabras son tan claras, tampoco…

Clave esencial para una actitud bientratante: aprender a preguntar

 

El Buentrato implica una actitud positiva, constructiva y abierta hacia el encuentro con las demás personas.

Se busca, de esa manera, la mayor y mejor conexión, de la que deberían quedar excluidos los juicios, las actitudes de censura, las opiniones negativas y hasta las opiniones que contradigan los criterios del otro sujeto.

Para intentar lograrlo, existe un recurso muy valioso: aprender a preguntar.

Si la pregunta que se formula busca mayor claridad sobre lo que la otra persona nos ha compartido, lograremos ayudarle a abundar, a explicar, a definir de manera más precisa lo que nos desea comunicar.

Este paso resulta fundamental.  No obstante, es muy probable que una vez lograda la mayor claridad no hayamos logrado un acuerdo sobre lo expresado, y confirmemos, por ejemplo, que sus criterios y los míos no son semejantes o ni siquiera cercanos. Esto nos ocurre muy frecuentemente. Pero si hemos evitado la calificación (que suele ser sinónimo de descalificación) de sus criterios, ya hemos dado un gran paso hacia el encuentro, aunque permanezca la diferencia de criterios que pueda existir.

Mucho más de lo que podríamos advertir o quisiéramos reconocer, existe una actitud natural en la búsqueda de acuerdos, de coincidencias con las demás personas.  De hecho, se experimenta gran satisfacción cuando esto ocurre.  Pero, de preferencia, cuando esas coincidencias se descubren como espontáneas.  Somos iguales, somos “de los mismos”.

Pero bien diferente es la impresión cuando notamos diferencias de criterios con nuestro interlocutor.  En esas situaciones se experimenta un variable nivel de desagrado, que puede llevar hasta al desinterés o el rechazo franco por sus criterios, por sus palabras, por sus ideas.  Fácilmente puede cortarse la conversación o asumir que no hay posibilidades ni méritos para seguir el intercambio con esa persona.

Lo increíble es que la mayoría de las veces, cuando se acepta el reto de tratar de entenderse con la persona que percibimos como diferente a nosotros, no solo podemos llegar a comprenderlas, sino que descubrimos que al mantener el diálogo -una o más veces- tratando de no juzgar sus criterios, sino de entenderlos, es mucho más enriquecedor para nosotros mismos.

Las preguntas que formulemos con ese propósito de abrirnos a la persona con la que encontramos que hay diferencias, nos dan la sorpresa de descubrir, muy frecuentemente, no solo que no estamos tan distantes, sino, aún más, que su visión discrepante con la nuestra está muchísimo más cerca de enriquecernos que de limitarnos.

“Modo de construir vínculos sanos”

En Buentrato se diferencian los vínculos de las relaciones.

Los vínculos aluden a toda forma de interacción

en la que entren en juego los afectos.

 

Las relaciones, por ser más instrumentales, circunstanciales, o establecidas por algún interés puntual, si bien requieren cordialidad y respeto, no demandan en su implementación un compromiso tan alto como el de los vínculos.