“Soy insoportable: siempre tengo la razón”

 

Muy pocas personas serían capaces de decir esto, pero son muchos los que incurren en esta conducta.  Claro que sin reconocer que pueden ser insoportables.

La persona que “tiene la razón” y “lo sabe”, podría mostrar un comportamiento humilde y no entrar en conflicto con los demás, pero resulta muy tentador, y de hecho es lo que suele ocurrir: andar corrigiendo a todo el mundo, andar diciendo lo que está bien y lo que está mal, contradiciendo a todo el que se cruza, pontificando sobre lo habido y por haber.  ¿Conoce usted a alguna persona así?  De seguro que no solo a una.

Alguien que sabe que sabe, debería sentirse muy seguro de sí mismo, y en una conversación podría dar su punto de vista sin necesidad de apabullar a los demás, o mejor aún, admitiendo que puede haber otros puntos de vista, otras verdades, otros criterios más amplios o más restringidos; en fin, otras realidades que por existir no atentan contra sus convicciones.

Sabemos que es así, pero que no son muchos los que tienen esa actitud en relación con los criterios ajenos.  Más frecuente es encontrarse con personas que contradicen, que descalifican, que incluso maltratan y ofenden a los que no piensan como ellos.  Lo curioso: mientras más pontifican, menos se les cree.

Es razonable que así ocurra -que no se les crea-, porque intuitivamente no más, quienes los escuchan asumen una actitud escéptica.  Es como si no se les pudiera creer, porque ¿quién que “realmente sabe” es tan duro y tan arrogante con los demás?

Es decir, quien tanto se ufana de tener la razón, termina no teniéndola.  Bien sea porque en sentido estricto no la tiene o porque su forma de actuar es tan contradictoria con la serenidad del que sí sabe, que no se le puede creer.

Quien apabulla con sus “verdades”, quien ofende a quien no piensa como él, en el mejor de los casos solo muestra que no es capaz de trascender la relatividad de su “sabiduría”.  Nadie sabe todo sobre todo, y el que se lo cree, lo único que muestra es que sus argumentos no tienen contundencia, razón por la cual intenta ser contundente de otra forma.  De una mala forma.

Lo que significa, para decirlo con mayor claridad, que el que sabe no daña.  El que daña es el que identifica la debilidad de su saber pero no quiere reconocerla, o el que sí sabe pero no se da cuenta de que no le alcanza para sentirse seguro con lo que tiene y busca lograrlo imponiéndose por la fuerza.

Quienes poseen conocimiento y sabiduría auténticos no excluyen ni persiguen.  Buscan desentrañar más verdades, apoyan al que sabe y al que no sabe.  Son gregarios en su intención, y su actitud siempre suma, siempre acompaña.  Sus discrepancias son serias y leales, sin dañar al otro, sin causar dolor.  No es necesario.

Todos conocemos personas convencidas de su “superioridad”.  No son más ni menos que los demás.  Tampoco.  Se puede correr el riesgo de calificarlos mal e incurrir en el mismo error que se invita a corregir.

Con que intentemos lograr la cercanía que un buen diálogo propicia, sería suficiente para aportar algo a la saludable y necesaria convivencia armónica.

Que identificar sesgos y actitudes inconvenientes no nos lleve a censurar ni a segregar.  Es solo un ejercicio de comprensión, de claridad, que nos ayude a conocer mejor el mundo en que vivimos, y a definir mejor el mundo que queremos.

No se trata de que todo valga.  Rechazamos los malos modos, pero no a las personas que los pueden tener.

No hay censura buena que nos habilite a censurar.  Nadie a nadie.

Anuncios

3 comentarios sobre ““Soy insoportable: siempre tengo la razón”

  1. Según el articulo siempre se conoce a una persona que dice tener siempre la razón.
    Pero dista mucho de la realidad porque yo conozco varias personas así. Si cada uno de nosotros hablamos con una persona entendemos que solo ella tiene razón y para ella es la verdad, su verdad. Bien dicen por ahí “Cada uno es sabio en su propia opinión”.

    1. Gracias, Laura, por su comentario.

      La frase que da nombre a esta nota es de una persona real. Y lo que manifestaba era su conocimiento de que siempre mostraba tener la razón, dándose cuenta de que incomodaba a otras personas con esa actitud.

      Analizar esa situación pretende ilustrar que difícilmente haya personas que siempre estén en lo cierto, y lo incómodo que puede resultar para los demás la interacción con quien se manifieste infalible.

      La expectativa es que de ese pequeño análisis pudieran surgir aprendizajes en nuestro camino hacia el logro del Buentrato, que nos permitieran promover vínculos más sanos.

      Tal vez usted haya experimentado la diferencia entre el modo de expresarse de una persona sabia y el modo de hacerlo de quien se cree que lo es. Se suele notar la diferencia. Aunque, claro, nos podemos equivocar.

      Saludo cordial

      1. Pues a mi me hace pensar muchas cosas la frase: «el que sabe no daña». Pienso que es así y nunca había encontrado nadie que lo dijera de una forma tan simple y bella. Y este comentario va para cualquier ambito profesional.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s